Sacudirse la modorra


Por Manuel Cortizo Velasco

Estoy contemplando estupefacto, supongo que al igual que la mayoría de los trabajadores públicos, trabajadores en general y el tantas veces invocado pueblo español colectivamente, cómo poco a poco vamos perdiendo nuestra identidad. Hemos pasado de ser una población que luchó con todas sus fuerzas para que este país se convirtiera en un Estado de Derecho en el que “EL PUEBLO”, (del que se dice que emanan todos los poderes), a ser un pueblo cautivo de esos mismos poderes. Año tras año, desde la muerte del Dictador, y, sobre todo desde la promulgación y entrada en vigor de la Constitución de 1978, y tras la euforia inicial por haber conseguido el objetivo de “ser libres”, estamos ahora contemplando como, poco a poco, nuestra personalidad como gente, nuestra dignidad como personas, se degrada cada día un poco más. Somos únicamente “el disputado voto del Sr. Cayo”. ÚNICAMENTE cada cuatro años llaman a nuestra puerta l@s postulantes solicitando la limosna para otro cuatrienio de mandato. Salvando la gran distancia que separa a unos y a otras, me recuerdan muchísimo a aquellas monjitas que iban  por los pueblos a recoger donativos en forma de pan, patatas, frutas, ropa… Con la gran diferencia a mi juicio, de que aquellas monjitas tenían un interés muy loable, pues, no tengo por qué dudarlo, (aunque alguna patata cayera en puchero interesado), lo recogido iba a parar a los asilos, comedores públicos para menesterosos, que en aquellos tiempos los había a patadas. Estos postulantes de hoy sólo piden un papelín con sus nombres y nos ofrecen el paraíso perdido, por cuatro añadas, durante las cuales ellos ya se encargan de nosotros y, sobremanera de ellos, procurándose las valiosas sinecuras de las que tanto hablamos.

Aglutinan junto a sí a financieros, para sus apuros económicos; letrados expertos en cuidar apriscos; y un ejército de gabinetes dedicados a estudiar de qué forma pueden envolver dentro de mil cuatrocientos y pico días, el papelín con los nombres de los sátrapas que se postulan para ocupar las mismas canonjías, durante el mismo tiempo y con las mismas o mejoradas condiciones y rentas. Entre tanto y no, los asilos son de lujo y los menesterosos, tan numerosos o más que en aquellos tiempos, duermen en cajas de cartón y rebuscan en la basura restos de los ágapes de nuestros postulantes. En esto hemos convertido la democracia: unos por activa y otros por pasiva. ¿No es el momento de cambiarlo ya? ¿No es el momento de sacudirse la modorra? Si seguimos dormidos vamos a tener muchas pesadillas.

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Un pensamiento en “Sacudirse la modorra

  1. Y yo me pregunto, ¿acaso los funcionarios, que tienen la sartén por el mango en todos los ámbitos de la administración, si se unen y caminan en la misma dirección, no son precisamente los que tienen la capacidad de cambiar las cosas?

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