Solidaridad en la mani de Xixón


Por Emilio Rabanal Menéndez

Para compensar la parquedad informativa mediática que quizás no ponga de especial relieve que en Asturies tuvimos ayer nada menos que dos manifestaciones, una por la tarde a la que acudimos tod@s y una por la mañana, en Xixón desde la plaza del Humedal, a la que acudimos menos, fue una pena que no le diéramos tod@s la difusión que se merecía y que, en cierta manera, fuésemos cómplices de esa parquedad a la que aludo. A pesar de ello, la mani de Xixón contó con una buena participación, no me atrevería a ponerle un número a l@s que fuimos, pero quizás andaríamos cerca de los diez mil pues la plaza del Náutico donde acabamos estaba llena y sobrepasada. Cabe destacar el final de la manifestación donde, además de intervenir los portavoces de los sindicatos convocantes se contó con el testimonio de algún otro colectivo de gente afectada por la brutalidad empresarial de despidos y cierres a la que nos acostumbran últimamente, especialmente emotivo fue el testimonio de una madre de un discapacitado despedido junto a más de una centena de compañer@s discapacitad@s que formaban parte de APTA (Centro Especial de Empleo de Gijón y controlado por la corporación ONCE).

Destacaría de esta manifestación lo que vino después de finalizarla y es que el grueso de la manifestación, sin apenas deserciones, se dirigió a la Comisaría de Policía del Natahoyo para solidarizarse y exigir la puesta de libertad de cuatro sindicalistas detenidos y que habían participado en piquetes por la mañana, independientemente de que su detención estuviese justificada o no según el ordenamiento legal vigente, de ello los tribunales de justicia decidirán, a quienes íbamos allí nos era ajeno el principio individualista, que comúnmente se asume en nuestros hábitos sociales, de que cada uno cargue con lo suyo y asuma las consecuencias. Allí los organizadores animaron a permanecer a los presentes hasta la liberación de los compañeros detenidos porque… otro día quizás cualquiera de nosotr@s pudiéramos estar en similar situación. ¿Recordáis aquella famosa sentencia atribuida a Bertolt Brecht: «primero se llevaron… como yo no era… ahora me llevan a mí»? Allí estuvimos un buen número de gente a pie de Comisaría, en una actitud conjunta de civismo y solidaridad, hasta que al fin, entre aplausos, fueron liberados sobre las cuatro y veinte, más de cuatro horas desde que salimos del Humedal.

La esencia del sindicalismo, sus orígenes se fundaron en un valor esencial para el bienestar social como es la solidaridad. La misma esencia de los servicios públicos de las Administraciones Públicas se basan en eso: en la solidaridad y la justicia social, esos servicios que muchos intereses privados, dispuestos a hacer negocio hasta con sus madres si hiciera falta, pretenden menguarlos o desaparecerlos para su beneficio. Quizás el mundo sindical haya perdido parte de esa esencia primigenia que los constituyó, pero creo que es justo reconocer que algo queda y el denostar su labor también es el objetivo de quienes quieren deshacer lo público, porque les molestan para llevar a buen puerto sus objetivos lucrativos. Quizás deberíamos ser más reflexivos y considerar más nuestras generalizaciones (de meter a todo el mundo en el mismo saco, no en el más bonito precisamente) cuando las realizamos y así contribuir a la demagogia que poco contribuye a nuestra propia convivencia y a una futura sociedad de bienestar a la que aspiramos.

Porque aún sigue habiendo gente honesta en el mundo sindical y que cree en lo que hace. Que no se pretenda ver que, porque hablo de la mani de Xixón, no hubiera sobrados y múltiples ejemplos en la de Uviéu, para poner coto a interesadas interpretaciones, para mí la actividad sindical, sea de la organización que sea, me resulta digna de respeto y necesaria para el conjunto de la sociedad. Esa gente honesta muchas veces echa de menos un valor que también fue la esencia en el propio origen sindical: el compromiso, así esa gente muchas veces se encuentra sola y saturada en su labor. Es muy fácil criticar, pero cuesta remangarse y ponerse manos a la obra, afrontar las dificultades, hacer grandes esfuerzos y echar mucho tiempo y ver que el resultado es muy pobre o contrario al que esperas, recibir críticas a pesar de todo lo anterior y tener que poner buena cara y, cuando tercia, echar un cable cuando necesitan de tu ayuda.

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