I Believe in Father Christmas


Por José Peira

Queridos congelados, estupefactos y recortados compis que recorréis las calles de la ciudad los viernes ante el pasmado mirar de los ciudadanos que, recortando su figura contra el gris otoñal, se les congela la mirada y parecen estupefactos a nuestro paso.

Amados míos. En estas señaladas y otrora comerciales fechas, bajo la restringida aurora eléctrica de avenidas y glorietas que angelitos, campanas y estrellas errantes nos procuran con sus ramilletes de “leds” de colorines se me viene el recuerdo de años antes, cuando parecía que las pagas extras las regalaban, inextinguibles, puntuales, salvadoras… era entonces que se despertaba en los más esa turbación mental transitoria que el vulgo llama Navidad, preludio ineludible de esa resaca con reflujo de turrones, guirnaldas y vestidos brillorosos que la plebe dio en llamar la cuesta de enero.

Acaso, de haber sido más sensatos, y el cava no tuviera ese empeño de hacernos ver la distorsión a través de sus burbujas, hubiéramos caído en la cuenta de que los eneros de antes eran un ensayo a escala de los tiempos que habitamos hoy; recién despiertos chupando un palo sobre una calabaza. Asumo la militancia como enemigo empedernido de tales fiestas, con sus manidos deseos prósperos, sus christmas sobre el aparador, sus bandejas de polvorones frente al sofá, la cena con suegra, las pelis ñoñas de papanoeles encubiertos y los carritos de híper mercado rebosantes de felicidad. Un decir.

Sin embargo, llegados a este punto presente del día de hoy en que nos encontramos ahora mismo, y con la que está dejando de caer, invito a pensar en positivo, utilizando si cabe las fechas, ateos míos, o creyentes, o lo que quiera que vuestra libre diversidad os confiera. Ya que se nos vienen encima, con sus puentes, usemos estos días. Reclamar como trabajadores no ha de reñir del solaz como personas que somos, hermanos del alma. No tenemos por qué ser un colectivo grave, serio y ensimismado, disfrutemos con baratura -qué remedio- de los momentos venideros y deseemos prosperidad, nunca mejor deseada, quizás incluso comprendamos mejor el sentido de tales deseos.

Corra pues la alegría, el vinillo low cost, la tortilla casera y hagámoslo razón para disfrutar y alentarnos, con más sinceridad que nunca, a un tiempo mejor. Disfrutad hijos míos, que el Altísimo nos quiere guapos y joviales y nosotros también nos lo deseamos, y lo merecemos. Que la Navidad sea grata, sin papel de celofán, y hermanados en nuestras menguadas nóminas sepamos encarar lo más inteligentemente posible los años venideros. Que en los días oscuros sepamos valorar los pálidos reflejos de algunas luciérnagas y que siempre, siempre, sepamos encontrar algo que nos contente. Es mi deseo. Amén.

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3 pensamientos en “I Believe in Father Christmas

  1. Pues yo también iba a decir Amen pero me ví a mi misma celebrando estas navidades (y las subsiguientes) con mortadela y champín Hacendado (conforme al villancico que me han pasado en Bienestar Social) y como que no, no me convence a mí esto.
    Pero luego pensé pero que más da que te convenza o que no, si te van a recortar hasta las barbas, las tengas o no. Y entonces me dije: tengo que hacer caso a la recomendación del Sr. Peira y buscar algo que me contente para que el rasurado impuesto sea más llevadero y ¡lo encontré!

    Y hay más, muchas más.
    En épocas anteriores ya casi olvidadas, la gente le tenía a él (por cierto, a mi me encanta) Voy a ver si me ayuda a tragar la mortadela. Y Si alguien tiene algo mejor que lo muestre
    :))).

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