La izquierda institucional, en la encrucijada


Por Emilio Rabanal Menéndez

El pasado sábado 9 de febrero el diario El País trataba la preocupación en la Unión Europea sobre los riesgos de la corrupción en España. Aunque no hay posición oficial, en círculos internos se habla de la política nefasta de nuestro país en obras públicas y que podría lastrar nuevas peticiones de ayudas europeas, se dice literalmente: «Hace tiempo que los socios europeos ponen el énfasis en las obras faraónicas, en los kilómetros del tren de alta velocidad, en la inflación de aeropuertos: con ese tipo de escándalos es difícil ver cómo Madrid puede reclamar nuevos fondos regionales». A esa misma conclusión hace muchos años ya llegó en nuestro país el conjunto del movimiento ecologista, harto ya de denunciar esa política especulativa. En todo ese tiempo hasta hoy resulta pasmosa la ausencia de crítica en el mismo sentido de la izquierda institucional que, paradójicamente, enarbola la bandera de la honestidad cuando la cuestión está en rellenar las urnas. IU, PSOE y sindicatos como CC.OO. y UGT se mostraron incluso cómplices con estas políticas antedichas de despilfarro y de dilapidación de fondos públicos en infraestructuras que se mostraron totalmente inútiles para evitar la profunda crisis en la que estamos metidos.  Y eso que nuestra clase política nos prometía y aseguraba que de la mano de las infraestructuras, de los miles de kilómetros de autovías, AVEs y macropuertos, etc. vendría el progreso ineludible, discurso que hacía las delicias del oligopolio empresarial implicado. Sí se demostraron tremendamente eficaces para logar lo que tenemos hoy, en lo que lamentablemente nos situamos a la cabeza de Europa: un país donde la corrupción y las malas prácticas políticas, la decadencia en los valores democráticos y la enajenación de la participación ciudadana en las decisiones, se han convertido en un problema estructural que entreteje nuestra clase política y las prácticas de gobierno en nuestras instituciones. Un problema del que difícilmente saldremos si no hay voluntad de fuerzas políticas y organizaciones ciudadanas para reconocer esta apremiante situación y buscar un consenso y soluciones que nos saquen del atolladero en el que estamos. Urge, ante todo, una regeneración ética de la política y sus prácticas.

La izquierda institucional está encallada en el mismo fango y resulta cómplice y corresponsable de esta situación, ya no puede seguir con la política de los tres monitos, que ni ven, ni oyen… Si es que quiere frenar la sangría que la lleva a su decadencia y que provoca la desafección y hasta la hostilidad manifiesta de la ciudadanía. Así, la clase trabajadora cada vez se siente menos representada y defendida por las organizaciones sindicales mayoritarias. Cada vez son más las iniciativas de lucha y movilización ciudadana donde esta izquierda no está presente o está excluida: movimiento 15M, afectados por los desahucios, mareas ciudadanas, trabajador@s públic@s, etc. No hace falta indagar para buscar ejemplos, el otro día se aprueba la ubicación de la megalomanía especulativa de Eurovegas, el mismo modelo de desarrollo que nos llevó a la crisis. Apenas oímos la voz crítica de la izquierda ante este despropósito, salvo la de grupos sociales ajenos a unas instituciones que han perdido la capacidad de representar mínima y dignamente esas reivindicaciones sociales. Grupos sociales independientes, ecologistas, vecinales, alternativos… que representan la honestidad que se echa en falta en la clase política. Un proyecto corrupto y mafioso que se maquilla con miles de puestos de trabajo, como si el empleo solapase los principios éticos, el respeto de los derechos cívicos y de la normativa vigente que, en este caso, se vulnera o se adapta al capricho de una corporación presidida por Adelson, genuino representante de la ultraderecha estadounidense y el mayor donante del Partido Republicano en las últimas elecciones de aquel país. Pusimos el raposo junto al gallinero. ¿Es que no hay nadie en este país que diga claramente que lo que necesitamos no son obras faraónicas ni puestos de trabajo a cualquier precio, que las bases de nuestra regeneración son más bien ideológicas y éticas? Tengamos en cuenta que, si es por puestos de trabajo, lo que más empleo genera a escala mundial es la prostitución, el tráfico de drogas y la guerra. ¿Nuestras aspiraciones como ciudadanos y como seres humanos se resumen en puro mercantilismo, son únicamente expresables en lo monetario?

Y tampoco hace falta bajar a Madrid para hablar de la inconsistencia de la izquierda institucional, nos podemos quedar en Asturias. Si revisamos la actualidad encontramos cómo el Principado de Asturias, presidido por el PSOE, está dando pasos para que una empresa canadiense arrase con uno de nuestros mejores espacios litorales, en Salave, para una mina de oro, tenemos el ejemplo bien visible de los efectos depredadores de esta minería en Belmonte. La crisis evitó que se construyera una macrourbanización en la rasa litoral de Las Dueñas, junto al espacio protegido de su turbera, un turbio proyecto alentado por el exalcalde de Cudillero, Francisco González, quien luchó porque también el cabo Vidio contase con macroproyecto de campo de golf, de su prepotencia y autoritarismo saben bien quienes sufrieron su gestión municipal que incluso salpicó los tribunales. El Ayuntamiento de IU de Castrillón firmará un convenio con una empresa constructora para posibilitar la edificación de un complejo urbanístico en el irremplazable y valioso espacio natural de las dunas del Espartal. También tenemos nuestras propias tramas de corrupción y que ya salieron a la luz, como el escándalo en la Consejería de Educación y ante el cual el PSOE no ha adoptado la actitud de firmeza y de regeneración que cabría esperar y que así sucede en otras latitudes con otros principios. Qué decir de la dilapidación de los Fondos Mineros, que no sirvieron para el pretendido impulso del desarrollo de las comarcas mineras, con obras e instalaciones que incluso están sin uso y hasta sin inaugurar. O los ingentes fondos para el macropuerto del Musel, infrautilizado y donde se construye una regasificadora hoy abandonada, afortunadamente para la seguridad para los vecinos de Gijón y la salud ambiental de varias poblaciones asturianas donde se planificaba la construcción de centrales térmicas enlazadas con este suministro gasístico. Similares consideraciones se podrían realizar con los proyectos de infraestructuras, como la construcción del AVE cantábrico, la autovía del Sella, el túnel del Sueve, la autovía suroccidental a Ponferrada, la variante del AVE desde Lena a Gijón, etc.

La izquierda representada en las instituciones y los sindicatos se hallan en una encrucijada que cuestiona su propia supervivencia. Urge clarificar sus posiciones ideológicas, ya no es admisible la política del seguidismo, el oportunismo y la corrección política. Los mercados, el capitalismo y sus predicadores se desentienden de lo políticamente correcto, ya traspasaron todas las líneas rojas que hace años creíamos imposible en nuestra ingenuidad. Muestran sus cartas bien visibles para quien las quiera ver y que buscan desmantelar los servicios públicos en provecho de sus propios negocios, debilitar nuestras instituciones y el ordenamiento jurídico, deslegitimar nuestras organizaciones sociales. Es una ofensiva abierta y declarada contra la propia esencia de la democracia y contra una ciudadanía participativa y soberana. Todo esta ofensiva exige una urgente y necesaria respuesta, una organización cívica en busca de la protección del bienestar social y de la defensa de los derechos ciudadanos y laborales que tanto tiempo y esfuerzo nos llevó conquistar.

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