Murallas y mareas


Se dice de la construcción de la Gran Muralla china que tuvo varias fases, alguna de ellas fue mucho más importante, más ambicioso, el proyecto de avanzar en la enorme obra. Debía proteger miles de kilómetros de frontera y con los medios de entonces cabe imaginarse que por muchos chinos que sean los chinos puestos a trabajar el tiempo requerido para acometer la empresa debía ser largo, penoso. Su construcción no sólo se llevó a cabo por etapas, sino también por partes físicas. Parece ser que cada provincia tenía asignada una tarea que a su vez sería supervisada por funcionarios imperiales que coordinaban los trabajos en las distintas regiones.

Se cuenta que alguien tuvo la ocurrencia de trasladar a los trabajadores, cada cierto tiempo, a otras fases de la obra. Así comprendían que su trabajo, acaso en remotas regiones, era parte de un todo mucho mayor de lo que su mirada cotidiana alcanzaba a concebir. De ese modo se estimulaba su espíritu cooperativo y se evitaba hasta cierto punto el desánimo en el que se podía caer viendo apenas el sector en el que se implicaba a título individual. Esa perspectiva aliviaba la dureza de enfrentarse día a día con una construcción que avanzaría demasiado lentamente para creer que algún día cerraría el paso a las invasiones bárbaras del norte. Un relato corto de Kafka recoge estos hechos y reflexiona al respecto. Creo recordar que se titula La Muralla China, sin más.

La AGTPA constituida en su momento para coordinar las protestas que nuestro gremio quería ejercer en Oviedo es una más de las múltiples voces que como infinitas lucecitas se prendieron a lo largo y ancho de este territorio.

La confluencia de mareas ciudadanas manifestada por las calles de esta ciudad hace unos días nos dio una imagen aproximada de esa diversidad en lucha, en diferentes lugares de España se produjeron similares muestras de movimiento con mayor o menor envergadura y esa visión nos debe llevar a pensar que nuestra actitud es apenas una parte de otra gran muralla humana que trata de interponerse a ese rodillo compresor que es el codicioso universo financiero. Aún somos partes dispersas, en construcción, y los materiales son muy plurales, a veces divergentes en algunos aspectos, pero en todas partes retumba el resabio de ese poder enfermizo que utiliza todos los resortes a su alcance para perpetuar sus privilegios y esa debe ser la referencia, que no se nos despinte.

Hay que poner a la luz en la medida de lo posible las reivindicaciones, las indignaciones cívicas y laborales, hay que tratar de destacar las injusticias sufridas en todo tiempo y lugar, ello ayudará a que otros vean los progresos de ese muro en el que, como dice la canción, deberían quedar del otro lado los males de la humanidad. Al menos valdrá la pena intentarlo, porque caminar hacia el horizonte no sirve para acercarlo, sirve para avanzar.

En estos retazos de muro que construimos entre muchas voluntades ya no vale pensar en parcelas reducidas, gremiales, no es ya a estas alturas una cuestión de funcionarios, ni de empleados públicos, ni de trabajadores, ni siquiera de la sociedad civil española. “cuando la agresión es a una escala global sin precedentes la respuesta ciudadana debe ser a una escala global sin precedentes” apuntaba hace algunos años Carl Sagan, un irreverente astrofísico postulado en diferentes ocasiones al Premio Nobel y desestimado siempre al parecer por su beligerante discrepancia hacia mucho de lo establecido. Parece que todo apunta a que las soluciones llegarán en tanto y cuanto las mareas sean internacionales.

Tal vez cada sector debe aspirar a pequeños cambios, peleas asequibles y sencillas, pero conscientes de que el número de esos retos debe dar un cociente grande. Las cuerdas de los liliputienses eran apenas hilos para Gulliver, pero cientos de esos hilos lo dejaron anclado al suelo, a merced de establecer un trato con sus diminutos enemigos. Es hora de pequeñas conquistas y de grandes esperanzas. Es eso.

Vernos unos a otros edificando nuestras partes de tapia debe servir de estímulo, deberíamos convencernos de que ese es el camino; el de las sumas, tiempo habrá de discutir si lo queremos pintado de verde o de naranja, por de pronto paremos el golpe, con pequeños gestos, con actos individuales. Debatiendo, razonando, creciendo. Hacer visible cada posición, encender lámparas para ser vistos y ver a los otros, para acrecentar la sensación de que no hay soledad, sino eco. Esa reverberación es la onda que necesita el mundo para orientarse a un espacio mejor. Hagamos la muralla.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s