La Hormiga Atómica


La única explicación para algunas cosas es que el hombre puede ser infinitamente cruel con su semejante. Puede ser cruel sin conocer al prójimo, sin haberle visto el rostro o sostenido su mirada. Puede ser cruel por decisión soberana y autónoma, como si ese prójimo no fuera un espejo. Cuando se destruye al espejo se destruye a sí mismo.

Mario Benedetti deja este párrafo en un libro que se lee en cuatro saltos (La Borra de Café), reflexiona, o acerca la reflexión que le debió sugerir la explosión consecutiva de dos bombas atómicas lanzadas sobre Japón para finiquitar la Guerra Mundial, segundo acto. Sin embargo la idea sobrevuela ese hecho concreto y llega más lejos; a todos los rincones de la crueldad que ciegamente administran unos humanos a otros.

Los acontecimientos que protagonizan estos tiempos, en los que naciones enteras como Grecia son vapuleadas por decisiones de gabinete o el desmantelamiento sin contemplaciones de logros, derechos y privilegios que tantas fatigas llevaron a consolidar en Portugal o España para que cuadren unas cifras como si ellas fueran el bien supremo y no las personas mismas, no son más que muestras de esa crueldad impuesta sobre diagramas o gráficos sin contemplar el dato más importante; que tras esas sumas hay seres humanos.

Muchos, o casi todos de entre quienes hoy día firman y apelan a muchas de esas decisiones, de quienes se convierten en paladines de esa injusta cultura llamada neoliberal no son más que crueles personas que aprueban la distribución de la injusticia con la ceguera de quien no ve las caras que pisotean tales argumentos matemáticos. “Hasta ahora es prematuro, sólo ha llegado la imagen alarmante y grotesca del hongo atómico. Pero algún día llegarán las imágenes humanas e inhumanas de este hecho demencial” concluye Benedetti. Y es cierto, tarde o temprano aflorarán las imágenes de este tiempo y los administradores de la injusticia no tendrán tantos motivos para sentirse orgullosos. Excepto algún enano de espíritu como ya sucedió en otras ocasiones, que siempre queda el que no es capaz de asumir el equívoco.

Por ello es conveniente mostrar desde ya la inconformidad con lo que sucede. Evidenciar el desacuerdo y presentar ante los ojos de los causantes los fotogramas que no quieren ver. Es hermosa la vista del hongo atómico anaranjado al atardecer, incluso admirable en ingenio científico y el desafío tecnológico para su obtención, pero las consecuencias bajo su amable humareda son de una atrocidad inimaginable. Se dice que si pudiéramos escuchar los gritos de un insecto al morir nadie volvería a pisar una cucaracha, alguno habría, eso sí, porque siempre quedan enfermos al margen del humano medio.

El resumen es que hay motivos para cuestionar las directrices que nos rigen. Hay que pretender que se nos vea y hacerles saber de los gritos de estas hormigas cuando se las pisa. Acaso no estaría de más morder un poco, esos mordisquitos con mandíbulas afiladas por entre las costuras de su ropa. Poco más que molesto al principio, pero, en mentalidad de hormiga, con los ojos siempre puestos en el sueño idealizado de la marabunta.

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2 pensamientos en “La Hormiga Atómica

  1. Un aplauso para la hormiga atómica. Lo comparto al 100%. Hay que empezar a “morder” un poco o algo mas, pero a morder, porque si no nos seguirán pisoteando..

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