Premiados y Apremiados


El próximo viernes 25 hay convocada, por parte de la Asamblea General de Trabajadores Públicos de Asturias una protesta haciéndola coincidir con el evento de la entrega de los galardones de los Premios Príncipe de Asturias. Además, esa misma tarde, la AGTPA, se sumará a otras corrientes en una -se espera- ruidosa manifestación común.

Al respecto de tales actos no quisiera dejar pasar la ocasión de mi punto de vista particular y, espero, el de muchos otros que se sumarán a ellos.

No cabe duda de que toda comunidad, grande o pequeña, compleja o sencilla, tiene el deber de afirmarse por medio de sus representantes más destacados. La excelencia debe ser reconocida porque es ella la que impulsa los pasos adelante de toda sociedad. La humanidad no habría bajado de las ramas de los árboles si no fuera porque siempre alguien se animó a ir más allá, porque alguno puso su talento y su genio al servicio de los demás. No se trata de convertir en deidades a mortales comunes, o, como sucede con algunos infectos programas y espectáculos, elevar al conocimiento general a abyectos mediocres y ralea de la peor calaña, pues lo que se genera es una clientela vulgarizada y el producto no es una comunidad en avance sino un basurero.

El reconocimiento que se va a dar a algunas personas el día 25, simbolizados con la entrega física de ellos en el Teatro Campoamor, más allá de la pompa o el protocolo, o acaso la gazmoñería de los medios, es indiscutiblemente justo y merecido, y así ha sido siempre desde sus primeros pasos hace ya varias décadas, y así es todos los eventos serios. Está de más discutir su zutano lo merece más que perengano porque lo importante es que una sociedad se debe articular también a través de la excelencia y quienes recibirán el premio el día 25 representan, cada cual en su área, la capacidad de mejora que todo humano o colectivo tiene al nacer. Pretender discutir esto basándose en argumentos ideológicos no conduce a nada, en todo caso a una triste, gris y desasosegante mediocridad. Las ideas se tienen, las creencias se son, que nadie sea tan cretino como para pensar que los premios a otros más de su gusto serían mejores premios.

Otra cosa es aprovechar el foco que en esas horas se va a poner allí para manifestar con toda la fuerza que sea posible el descontento, hacer visible  la disconformidad con el rumbo que tienen muchos de los aspectos esenciales de nuestras vidas. La normalidad de un evento de esa envergadura no sería un saludable síntoma en una sociedad plural que tiene el deber de mostrar sus caras en toda ocasión posible; el protocolo y el boato de un evento así debe ser contrarrestado por una voz cívica que también reclama su espacio y su derecho a ser escuchado, con más apremio tal vez, ya que quienes recibirán el merecido homenaje el viernes, y ante quienes sin duda muestro todo mi respeto, tienen, por definición, menos prisa y necesidad  por recibir el reconocimiento de la sociedad que quienes negados de oportunidades han metido el pie entre la puerta y el marco para impedir que se lo cierren. Y les dejen afuera.

josé luis peira

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