Los empleados públicos y la crisis.


Es preciso recordar en estos tiempos, en los que emergen iniciativas de unión entre distintas empresas de distintos sectores para intentar detener el incremento de la crisis y las nefastas consecuencias que está dejando en nuestro país y en nuestra ya de por sí desolada región, los momentos en los que los Trabajadores Públicos fuimos sometidos, (los primeros – y ya sabéis que fue así por la fama de escasa resistencia a los agravios que tenía, y tiene, el gremio-), al espolio con saña suficiente como para que entonces surgiera un movimiento asambleario potente en principio y decadente en lo sucesivo.

Tal vez haya entre nosotros quienes digan, ahora que la crisis se ha instalado de forma general (y hasta pueda parecer que el empleo estable vuelve a ser garantía de seguridad), que esa lucha nada tiene que ver ya con nuestro caso y que poco se hizo desde afuera para defender nuestra causa. Puede ser.

Pero, a la vista de la desolación en la que ha quedado el mercado del trabajo en todos los sectores, la seguridad sigue siendo una utopía. Bien se ve que dentro de la Administración existe, a veces de forma contundente, el acoso y derribo hacia los trabajadores que por principios o por motivos legalmente establecidos, pero no conformes con el ideario de una casta política perversamente oculta tras los mandos intermedios, (verdaderos engranajes al servicio del mandatario), no admiten la tergiversación de las normas u órdenes directas que contravienen sus deberes.

Dicho esto, queda claro que de seguridad, nada de nada. U obedeces y callas o eres objetivo inmediato de sus iras. Es decir: la reforma laboral, los recortes sociales, la precariedad en el trabajo, el exacerbado paro, el hambre y la pobreza es también cosa nuestra; esa ley también sirve para sacar a uno del servicio o, sencillamente, despedirlo. Todo es posible.

He leído, y lo apunto, que ya somos la China de Europa. Ése era el objetivo inicial de todas las medidas tomadas a la sombra de la crisis y así se ha consolidado. El empresariado de alto, (y medio), rango aplica ERES sin control alguno, sume al personal en la esclavitud y pronto veremos como, de forma clandestina, habrá españoles trabajando de sol a sol y en la oscuridad de la noche, para evitar las inéditas inspecciones y cobrando el salario de subsistencia, sin que la representación política haya dicho ni una sola palabra, ni mucho menos opuesto la más mínima resistencia. (Servidor ya entiende como clase política, las altas estructuras bien jerarquizadas y remuneradas de los sindicatos que son los que deberían haber parado inicialmente esta hecatombe. Lo siento, ya lo he dicho en más ocasiones, pero es así).

Los servicios esenciales para el ciudadano que presta el personal funcionario o laboral al servicio de las Administraciones se han recortado hasta su grado mínimo, cuando no, sencillamente, han desaparecido. Aunque aparentemente solo se quejen los afectados por los recortes, (digo afectados en el sentido equivalente a beneficiarios), éstos nos están pillando directamente a nosotros los trabajadores. Por cada queja de un ciudadano por la carencia de un servicio que no se presta debe contarse un puesto de trabajo que existía y ya no existe, bien porque se haya amortizado el puesto, bien porque, dicen, que no hay presupuesto para cubrirlo. Mirémoslo de esta forma. Si no hay Función Pública que hacer, no es necesario tener funcionarios o trabajadores  laborales en nómina. ¿Para qué?

Y todos sabemos, (lo vamos a vivir), que cuando al capitalismo salvaje no se le jala del freno con contundencia, hasta rasgarle los belfos si es preciso, este se enseñorea del todo. Todos tenemos derecho a ganar dinero, nadie lo discute. Pero hoy en día los grandes capitales ya han perdido la conciencia de la economía. Ya no saben qué es. Para ellos es exclusivamente acumular dinero y poder. Enfrente está lo que ahora se llama economía real. Es decir: es justo ganar pasta, pero hay que reinvertir en producción y creación; hay que repartir el beneficio en forma de contribución social, no en beneficencio libre de impuestos. Hay que crear bienestar social que al final es el que va a mantener la riqueza estable. Los Servicios Sociales también son rentables. Económicamente y socialmente. Por eso hay que mantenerlos. Y por eso nosotros, los trabajadores públicos seguimos estando seriamente tocados por esto que llaman crisis. Porque a los “mercados” no les interesa el Estado. Y una rama muy importante del Estado la conforma el empleo público. Cuanto menos Administración haya, menos trabajadores públicos se necesitarán. Pura lógica.

Manuel Cortizo Velasco

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