RESUMEN


El 17 de mayo se reúnen gobierno y sindicatos para tratar una profunda reforma de la administración. Lo de que se reúnen es un decir, en realidad va a ocurrir que los enviados del gobierno pondrán sobre la mesa lo que les han dictado sus amos de las distintas patronales y los sindicatos agacharán sus cabezas. Los representantes nominales del empleado público y otros obreretes mostrarán acaso las caras de sus ínclitos obispos, las de siempre vaya, con su indignación impostada amenazando con acciones en las que ya ni ellos mismos creen. Es cierto que la administración merece profunda reforma, pero no ahora; hace bastantes años que se precisa. Ello no quiere decir necesariamente que sobre personal, aunque con certeza habría que resituar los peones para dar mejor juego. La cortedad invariable de unos gobiernos y otros apenas ha alcanzado para abrir la espita de las contrataciones y cerrarla o usar la masa salarial como caja de resistencia para otros asuntos. Una administración eficiente, optimizada, habría reducido notablemente la corrupción, agilizaría la puesta en marcha de decisiones que ponen a rodar la economía o sería mucho más operativa como antídoto de la evasión de capitales o el fraude fiscal por citar apenas unos ejemplos. Es decir; una administración ideal mejoraría exponencialmente la marcha de la nación entera, excepto, claro, para una minoría choriza, desleal y, por lo común, muy patriota. Pero eso no se va a llevar a cabo a partir del 17, cualquiera que no sea un alma cándida puede alcanzar a comprenderlo. Preveo lo que será su canción; una puesta en marcha de ajustes de horarios, salarios, una secuencia de tornillos apretados otro poco más para que las condiciones laborales se igualen a las del sector privado. A las del sector privado desventajoso, me refiero, a ese panorama de siervos que sin sonrojo dibujan ya los gobernantes y sus amos. Ya vivimos un tiempo en el que un trabajo basura (léase minijob), es decir, una mierda de trabajo, se va contemplando por no pocos con un mal menor, qué digo, como un bien a tiempo parcial. Hasta este extremo hemos llegado. Antes de continuar quiero en este punto felicitar a todos aquellos -empleados públicos o no- que no movieron un dedo para oponerse a esto, les felicito porque envidio su legítima postura de acatar lo que les caiga, porque su quietud de mayorías ha sido decisiva para alcanzar este clímax de atropellos argumentados en milongas de herencias recibidas, reajustes cíclicos o desplomes del IBEX 35. Al menos ellos consiguieron lo que merecen. En espera de una visión diferente del mundo, un viento fresco que acabe con el tufo de las mediocracias, veremos pasar el tiempo llevándose hojas del calendario, de nuestro calendario de nuestra única vida, escucharemos día y noche las letanías de que en un futuro todo será mejor, en dos años, en tres, en seis, en la otra vida. Pero la vida es ahora. Se diría que la sociedad ha sido asaltada injusta pero merecidamente. El pulso no está siendo ganado por la sociedad civil porque muy pocos empujan y hay ejemplos que iluminan un camino que pocos se animan a recorrer; los desahucios o la ley de educación sufren un rozamiento que los frena porque unos pocos ciudadanos valientes se resisten a callar, a otorgar. El empleado público tiene un perfil, un target, que no lo ha caracterizado nunca como un elemento díscolo, irreverente, pero esa actitud muelle, acomodaticia, no sólo ha sido una gran aliada de las decisiones que se nos vienen encima, además tiene toda la pinta de que va a ser barrida de un plumazo por una regulación calculada. Que nadie se engañe, no van a parar con cercenar algunas de las ventajas que tenemos, parte del plan maestro consistirá, no lo duden, en trocear partes de esa administración para arrojarlas a las fauces del mejor postor. A veces creo que deseo que eso ocurra, por ver a los inertes apretar el paso ante el chasquido del látigo. Quizás incluso algunos sonrían; lo lograron, envidiémosles.

Malas Artes


Por José Peira

La información es poder, quien la detenta puede modificarla para obtener ventajas y beneficios. No por nada el pilar fundamental de toda dictadura es el conglomerado de cuanto medio informativo sea posible bajo su único control. No en vano en lo que consideramos democracias occidental hay una dura guerra empresarial del ramo. Se puede llegar muy lejos manipulando a favor tales herramientas; Berlusconi, Esperanza Aguirre, Camps, no son más que ejemplos vergonzantes, pero casi en cualquier lugar, el poder, y también los políticos, precisan del control de la opinión generalizada para medrar.
Internet ha venido a mover la silla de esta realidad, su estructura impredecible, espontánea, viral, ha democratizado de alguna manera la información. Cierto que circulan muchos bulos e infamias por la red, pero no menos que por Telemadrid, La Razón o TV3.
Aun con todo el poder del poder es grande. Valga como ejemplo la percepción de impunidad que algunos supuestos representantes del pueblo demuestran estos días, apresurándose sin sonrojo a ocupar puestos relevantes y bien remunerados en empresas que ellos mismos privatizaron valiéndose de su cargo público. Para constatar que la repugnante infamia ha variado poco a través de la historia traigo unas opiniones vertidas por parte de un alto funcionario de la Corona en el Nuevo Mundo allá por los inicios del siglo XVI “Los indios son vagos, mendaces, inclinados al mal, sodomitas y dados a crímenes nefandos” Bartolomé de Las Casas, tiempo después, apeló que se los difamó, entre otros motivos, porque quien eso dijo era “el encargado de despojar a los indios y apoderarse del botín” ¿Os suena de algo?
Hay una ofensiva latente por parte del poder económico (el verdadero) que encuentra cultivado el caldo en una sociedad que siempre valoró a la baja al empleado público. Ahora, que los especuladores ya no quieren ser constructores, la cultura del mete uno y saca diez parece decantarse por la sanidad privada -de momento- y poco a poco irán accediendo al botín que supone quedarse por la cara cualquier estructura social, con un capital humano de alta calidad, gran cartera de clientes y futuro de enriquecimiento a corto plazo, que es lo que les gusta a estos. Y las pérdidas que las absorba el estado, o Ausonia Lady, tanto da.
Estoy convencido de que si se quisiera vender la sanidad española, o la red de infraestructuras por lo que realmente valen, no habría empresa capaz de asumir tal inversión y, de haberla, sin duda quedaría saldada la deuda soberana, la campurriana y la zamorana, y aún nos sobraría pasta pare regalarle a Alemania y organizarle a Grecia unos Juegos Olímpicos.
Por eso, cada vez que en la mediocridad informativa de unos, o las aviesas intenciones de otros, destilan informaciones poco favorables a la función pública, no estamos viendo sino la punta del iceberg; los colmillos de los Gúemes y Urdangarines, el veneno de las Sicav, de Alierta, el botín de los Botines y, lo que casi es peor; el desmantelamiento moral de la ciudadanía que asume que para mantenerse en la superficie basta con ser un sinvergüenza, un golfo apandador y un delincuente.
Discutir en todo tiempo y ocasión, ser paladines de la administración es tarea a asumir. Más allá de que se precisen justas reestructuraciones hay que poner en valor lo que significa. Gandhi decía una frase acertada: “Tú debes ser el cambio que quieres para el mundo”