Viviendo en Matrix


Por José Peira

Supongamos que la percepción de la realidad no fuera la misma para cada individuo. En cierta manera esto es lo que propone la película Matrix, la primera, por supuesto, ya que las subsiguientes no son más que una interminable secuencia de mamporros y tarascadas. En ella se invita a reflexionar sobre la configuración de la realidad que cada uno ejerce; ¿es acaso el sabor de una fresa para mí lo mismo que el pollo en pepitoria para cualquiera de vosotros? ¿se convino que el color rojo es lo que yo entiendo por rojo y para otro es el verde? En este caso ambos señalaríamos a longitudes de onda distintas llamándolas por el mismo nombre porque acaso los mecanismos oculares no sean exactamente iguales. En realidad Matrix no es innovador con la idea, Descartes hace varios siglos argumentó largamente antes de concluir que para él la certeza única era el “pienso luego existo”. Más o menos.

Pero regresemos a la peli, en donde la gente vive realidades que proponen a medias sus propios cerebros y ciertos estímulos que les introduce el programa Matrix. Así la gente cree que vive siendo un carpintero, una divorciada o un miope, aunque en realidad su no vida apenas sirve para sostener el sistema del que es cautivo. A veces me pregunto si no estaremos ahora mismo dentro de una realidad configurada cuyo objetivo principal es mantenernos quietos, sumisos y tranquilitos, sosteniendo la vida privilegiada y golfa de unas minorías. Recibo en estos momentos la información del aumento de las tasas judiciales, los sacerdotes imponen sus criterios en materia educativa y en época de supuesta falta de recursos se destinan pluses a la causa privada, cualquier ciudadano de medio pelo con posibles (bastantes posibles) posee una cuenta en Suiza, o en las Bermudas, la banca juega y gana, el derrumbe económico, y moral, y de derechos en Occidente es un acontecimiento mayúsculo, parece que Matrix se activa y la mayoría de los ciudadanos se mantiene pasmosamente pasiva.

Esa pasividad resignada da que pensar. Al parecer la ciencia ha determinado que los cerebros de los conservadores son más rígidos a la hora de meditar, cuestionar y acometer cambios, se diría que una vez logrado un estilo de filosofía son muy resistentes a plantearse actitudes críticas. ¿os suena?. Pero no termina ahí la cosa, los menos conservadores quizás sean más proclives a la crítica, a la indignación, pero al menos en este país hay una escasa cultura de la reclamación. A nada que se medite da la impresión que una fuerza invisible sostiene en calma el patio. Nos asaltan día a día, con toda impunidad, asedian sin sonrojo logros obtenidos tras lustros en democracia. Sube el transporte, bajan las prestaciones, todos los días nos desayunamos con empresarios modélicos fotografiados con las manos en la masa, más valdría llamarlos emprersarios (de empresa y corsarios)… y eso es lo que traspasa el bien cuidado huerto de la información. No voy a seguir porque todos sabemos a lo que me refiero.

Concluyo que la democracia actual, en España, Europa, es una farsa, un acto circense convocado cada cierto tiempo para acallar más nuestras conciencias que las de “ellos”: La campaña y el posterior uso del voto constituyen una avalancha constante de engaños. Delata el menosprecio de los cuadros dirigentes por la inteligencia. Presenta una corrupción insidiosa de actitudes populares sobre las cualidades éticas. Hay incluso políticos, algunos de distinción notable, que son cómplices de empresas con intereses alejados del bien general.

Acostumbrarse a la mentira pone los cimientos de muchos otros males. Seamos sinceros, la crisis ha sido gestionada por políticos mediocres, ávidos empresarios y una silenciosa y sumisa población encandilada por el fulgor de finales de copa y adormecida en la letanía del “la culpa es de ellos”.

Yo, qué queréis que os diga; prefiero el insomnio a la anestesia. Definitivamente, sobre todo al mirar hacia ciertos ciudadanos, sospecho que estamos dentro de algo que se parece mucho a Matrix.

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